Hoy tengo una receta para ti: Gratitud

Hay días en los que todo se siente pesado. La rutina, los pendientes, el cansancio acumulado, las emociones que no siempre se dicen…

 Y sin darme cuenta, me dejo arrastrar por ese torbellino de lo urgente. Me desconecto. Me abruma lo cotidiano.

Y lo más curioso es que ni siquiera es algo grave. Simplemente, es la vida misma con su ritmo imparable. 

¿Te ha pasado alguna vez? Muy probablemente, sí.

Es ahí cuando algo tan sencillo como agradecer cambia por completo mi manera de estar.

No siempre lo recuerdo a tiempo, lo confieso. Y cuando eso pasa, la vida suele enviarme señales sutiles pero poderosas.

— Un mensaje en el camino que dice GRACIAS.

— Un amigo que me comparte, sin saber por qué, que se le ha olvidado dar gracias a Dios.
— Un paciente que me mira con los ojos llenos de alivio y me dice: “Gracias a Dios… y a usted, doctora”.
Y ahí se me afloja el corazón.

Porque entiendo, una vez más, que no se trata solo de lo que falta. Se trata de todo lo que ya está. 

Y cuando agradezco, todo cambia. El cuerpo se relaja. La mente se aclara. La vida se siente más suave.

La gratitud no es solo una emoción bonita.
Es una herramienta poderosa para el bienestar.

Y no lo digo solo por experiencia: la ciencia también lo respalda. Agradecer de forma constante puede mejorar el sueño, disminuir el estrés, fortalecer nuestro sistema inmune y ayudarnos a enfocarnos en lo esencial. 

Pero más allá de lo científico, la gratitud tiene un lenguaje sutil. Uno que habla directamente al ALMA. 

Por eso, hoy te comparto esta pequeña receta que a mí me funciona:

Agradece algo cada día.

A veces no hace falta buscar mucho. Agradece por un techo, por un cuerpo que aún responde, por un día más de vida. Por esa persona que te escucha, por la risa que se escapó sin aviso, por ese instante de calma entre tanto. Porque lo pequeño, cuando se agradece, se vuelve inmenso.

¿Y sabes qué? Tal vez no cambie todo allá afuera…
Pero sí cambia algo muy importante: cómo te sientes por dentro.  Eso, créeme, ya es medicina.

Con cariño, Dra. Sara González.

Scroll al inicio