¿Cuándo fue la última vez que agradeciste simplemente estar vivo?
A lo largo de nuestra vida (como en los días recientes), pueden presentarse situaciones que nos invitan a detenernos. A mirar alrededor. A cuestionarnos qué es lo verdaderamente importante.
Hay momentos que sacuden.
Que nos recuerdan que la vida puede cambiar en un instante.
Que nada está completamente bajo control.
Que el tiempo no siempre avisa.
De pronto, lo urgente deja de ser tan urgente.
Las discusiones pierden peso.
Los pendientes dejan de parecer eternos.
Porque entendemos algo esencial:
la vida — y su cuidado — lo es todo.
Nos levantamos cada mañana como si fuera automático.
Abrimos los ojos, respiramos, caminamos, enviamos mensajes, hacemos planes.
Y en el pasar de los días, entre todas nuestras rutinas, con el reloj que no se detiene; ignoramos que nada de eso está garantizado.
Cada día que despiertas es una oportunidad que no todos reciben.
Cada latido es un recordatorio silencioso de que todavía estás aquí.
Y estar aquí significa que aún puedes:
Decir lo que no has dicho.
Perdonar lo que has postergado.
Intentar lo que te da miedo.
Cuidar tu cuerpo como el hogar que te permite vivirlo todo.
Elegir con más intención cómo quieres pasar tu tiempo.
Valorar la vida no es vivir con miedo.
Es vivir con conciencia.
Es dejar de dar por hecho lo esencial y entender que la salud no es solo ausencia de enfermedad, sino la posibilidad de experimentar un día más.
No sabemos cuánto tiempo tenemos. Pero sí sabemos que hoy estamos aquí.
Que este día no pase en automático.
Que no sea solo una fecha más.
Que no desperdiciemos el privilegio de estar vivos.
Hoy despertaste… Y eso, aunque parezca simple, lo cambia todo.
Con cariño, Dra. Sara González.


