Diciembre llega con cenas, convivios, antojitos en todos los momentos especiales… y aunque es una época hermosa, también es cuando más sentimos inflamación, pesadez y nuestra digestión suele ser la primera en pedir auxilio.
Porque seamos sinceros(as): la comida es lo más tentador de la temporada. ¡Y cómo no! si tenemos una cultura mexicana llena de sabores que enamoran: pozole, tamalitos, ponche, buñuelos; es casi imposible no disfrutar.
Pero disfrutar no debería venir acompañado de culpa, incomodidad ni malestar. Así que quiero compartirte cómo puedes vivir estas fechas con más ligereza y bienestar, sin dejar de lado lo que te gusta.

Es importante entender:
Que cuando comemos más grasas y azúcares de lo habitual (como pasa en esta temporada), el estómago se vacía más lento, lo que causa distensión, reflujo y sensación de pesadez.
Está comprobado que las comidas altas en grasa o condimentos empeoran los cuadros de reflujo gastroesofágico y acidez estomacal. Además, comer mayor volumen hace que el estómago literalmente se estire, activando receptores que generan malestar y gases.
Los cambios en la rutina —menos movimiento, horarios irregulares, alcohol, dulces y harinas refinadas— pueden alterar la microbiota intestinal en cuestión de días, favoreciendo bacterias que producen más gas. El alcohol, por su parte, incrementa la acidez, irrita la mucosa y aumenta la inflamación posprandial.
Es decir, diciembre no te “cae pesado” por mala suerte… sino porque es un mes en el que se combinan varios factores que afectan tu digestión.

Pero aquí viene lo importante: sí puedes disfrutar todo lo que te gusta sin culpa y sin inflamación. Y aquí te doy algunos ejemplos:
Puedes empezar tus comidas con algo de fibra —como una ensalada o verdura fresca— esto ayuda a que la glucosa suba más lento, mejora la motilidad intestinal y alimenta tu microbiota saludable. Estudios han demostrado que cuando comes fibra antes de los carbohidratos, tu cuerpo absorbe el azúcar más despacio, lo que ayuda a evitar subidas bruscas de glucosa y esa sensación de inflamación después de comer.
También es de gran ayuda comer más lento. La digestión inicia en la boca, y masticar bien los alimentos disminuye la aerofagia (tragar aire), reduce gases y evita sobrecargar tu estómago. Además el comer de forma pausada ayuda con las señales de saciedad de tu cuerpo.
Si decides consumir alcohol, intenta no combinarlo con postres para evitar que el pico de azúcar y la inflamación aumenten al mismo tiempo.
Si todos los platillos de la reunión te parecen irresistibles, puedes servirte porciones pequeñas de las comidas que quieras probar. Disfrutar no significa comer en exceso. Y las porciones pequeñas te permiten comer sin distensión estomacal o pesadez, evita llegar a ese punto en el que dices “creo que me excedí”.

Otro hábito sencillo pero poderoso es caminar 10–15 minutos después de comer. Esa caminata ligera mejora el vaciamiento gástrico, reduce el pico de glucosa y ayuda a que la digestión sea más eficiente. Es tan efectivo que incluso se recomienda en pacientes que buscan controlar su glucosa.
Alimentos como jengibre, cúrcuma, frutos rojos, verduras de hoja verde o té verde también pueden ayudar a modular la inflamación natural del cuerpo y a mantener una microbiota más equilibrada. Y algo fundamental: hidrátate antes, durante y después de las reuniones. Cuando no tomas suficiente agua, tu intestino se mueve más lento y puedes presentar estreñimiento o inflamación.
Y tal vez el punto más importante: no comer por compromiso. En esta época a veces comemos porque alguien insiste, porque “solo es una vez al año”, o porque todos lo hacen. Pero tu salud digestiva mejora muchísimo cuando comes desde la elección, no desde la presión social.
Piensa en diciembre como un mes para disfrutar, pero también para escucharte. Si un día cenas pesado, al día siguiente puedes equilibrar con algo más ligero. Si sabes que habrá postres, puedes iniciar el día con fibra y proteína. Si vas a consumir bebidas alcohólicas, hidrátate antes y después. Ese tipo de equilibrio te permite celebrar sin sentirte mal.
Al final, la salud digestiva en diciembre no es cuestión de prohibiciones, sino de consciencia. De recordar que disfrutar también es salud, siempre que lo hagas desde el autocuidado.Tu cuerpo está contigo todo el año; darle equilibrio en esta temporada es algo que suma a tu bienestar. Recuerda que la salud es una relación entre tú y tu cuerpo.
Que disfrutes esta temporada con mucha salud digestiva y alegría. ¡Nos vemos en la próxima publicación!


